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Cuando parece una vez mas que el pueblo no puede estar peor de gente en el mes
de agosto al menos
hay alguien que intenta capear el temporal.
Es cierto la oferta de restaurantes para comer (o cenar) en el pueblo se esta
quedando corta, las Palmeras no es lo que era, aunque tampoco ha sido nunca
demasiado, el Cordobés parece que solo sabe hacer pelailla, muy bien por cierto,
el Cruce esta demasiado "lejos" para estar en el pueblo y deberíamos tener un
carnet con descuento por ser del pueblo porque te pegan unos palos de cojones.
Por todo esto es por lo que nos encontramos a medio pueblo cada vez que vamos a
cenar a Robledollano y siempre se oye lo mismo "si es que en el pueblo no se
puede cenar en ningún lao".
Bueno pues nos aventuramos a cenar en el nuevo restaurante que ha puesto en
marcha el Beatriz, íbamos acojonaos pensando en qué nos íbamos a encontrar y en
el palo que se iba a llevar nuestro bolsillo.
Pues resulta que el Jeanette el pub de toda la vida del Betriz ha pasado a mejor
vida y se ha hecho un gran trabajo de decoración imitando un restaurante rústico
con todo lujo de detalles en especial nos llamó la atención que hasta el aire
acondicionado estaba forrado de madera y es que reconocemos que no se nos puede
sacar de casa.
La cena de puta madre para resumirlo brevemente.
Entramos
ocho o diez y nos decantamos por pedir un surtido de ibéricos para hacer país,
estaban de vicio aunque los colegas del Beatriz no tenían mucho que ver con eso.
De segundo combinamos entre el menú a la carta que tienen con platos típicos de
la tierra especial mención al secreto y al cochinillo que nos tomamos algunos.
Pero lo que mas nos sorprendió a todos fue la carta de postres que se trabajan
en la propia casa, pudin de higos, bizcoflan, sorbete de limón, todo salido de
la propia cocina.
Si
lo pedís antes por encargo os pueden hacer un cochinillo al horno y al paso que
vamos pronto se queda la región sin cochinillos.
Para acabar la cena nos obsequiaron con unos licores de hiervas que nos hicieron
bajar la cena, pedimos la cuenta que al contrario de lo que esperábamos estaba
muy, muy bien y nos fuimos a tomar algo por el pueblo sabiendo que con todo lo
que bebimos los Beneméritos Hermanos no nos estaban esperando en ningún cruce.
En resumen que nos ha sorprendido gratamente, no es Robledollano es diferente
pero eso es lo mejor de todo que ahora no podemos pasar sin acercarnos a
cualquiera de los dos restaurantes a cenar y hay que cumplir con todos, a ver si
nos lo aplicamos.
Parece ser que en fiestas la cosa esta animada y Miguel nos dice que lo tiene
todo lleno estos días pero ya se sabe que la gente del pueblo son muy raros y si
algo no les entra no le hacen ni caso, esperemos que eso no sea así y que la
iniciativa triunfe.
Desde aquí un saludo a Miguel que se lo esta currando.
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